Querida amiga:
Bajo estas líneas se haya la única forma de poder eternizar lo que, con unos segundos de diferencia, mi corazón anhela por decirte, pese a que cueste controlar tanta magulladura. Tan sólo espero que el epitafio de textos vanales en el que estoy escribiendo sepa aceptar que éste no es uno más, redactado desde la angusta, el delirio o el desasosiego. Éste es un himno a la esperanza, a TU esperanza, pues estas letras han prometido que nunca jamás se desprenderán de tu oído.
Mi espíritu está dentro de tí, amiga. Mi cuerpo, mi sangre, mi sudor, mi fe y mis entrañas aceptan la cadena perpetua si es para salvarte. Nunca me verás redirme. Nunca te veré caer. Prometo ser fiel a este juicio que con sumo gusto pienso acatar.
No llores más, cielo mío. Seca tus lágrimas y ven, que te abrace. Ya has peleado suficiente, ahora deja que yo lo haga por tí.
Levanta, toma mi mano, huye de este desagradable latir que te está provocando el delirio y agárrate bien fuerte a esa Estrella que ahora yace en el cielo. Yo mientras tanto estaré en la sombra, disfrutando de cada una de tus sonrisas, esperando a que el día avance y el dolor amaine.
Tranquila, estoy aquí, no pienso irme. Te he prometido lealtad, amiga, no permitiré que vuelvas a ver un día gris. Juro regalarte la paz que mereces, pese a que eso me esclavice todavía más.
No espero una respuesta, ni tan siquiera agradecimientos. Lo único que desea este lúgubre ser es, como bien diría un poeta, "que vuestra vida sea un viaje en patera hacia un futuro nada incierto, la libertad, sólo vuestra libertad."
Siempre a tu lado.
Juan.
Hacía tiempo que no perdía mi tiempo en estos folios. También hacía tiempo que no sentía tanta necesidad de hacerlo.